Café solitario a medianoche

Publicado el 4 abril, 2014

Anoche pensé en ti.
“Pensé en ti”… Vaya, y yo que me creo con el don de la palabra.
Empecemos de nuevo…

silueta-hombreAnoche plantaste una estaca en medio de mi cerebro. Lo sé, porque tus letras estaban grabadas en ella.
Anoche me atravesaste, desde la raíz hasta el vientre.
Y por si fuera poco te apropiaste de mis manos, de su voluntad creadora.
Invitado imprevisto, me hice sumisamente hacia un lado en cuanto te vi aparecer, para darte paso.
No me preguntaste mi parecer, simplemente te sentaste frente a mí, a los pies de la cama, y ladeaste la cabeza con esa expresión tan tuya, de estar observando algún asunto muy, pero que muy serio.
Y sólo de verte, algo en mí ya se rindió.
Yo creo que te diste cuenta, porque entonces susurraste “por favor no te detengas, estoy aquí, siénteme”.
Y yo seguí, pero esta vez para ti.
Para tu mirada que parece callar tanto.
Para tus dedos quietos.
Volví a recorrerme, pero esta vez fue distinto, porque portaba tu presencia entre mis yemas.

El aire se cargó de tus aromas.
De tu espesura.
A lo lejos comenzó a oírse el sonido de un caballo al galope…

Y entonces te colaste por entre las comisuras de mis labios, justo cuando empezaba a dibujarse mi primera sonrisa. Y cogido a mis caderas, cabalgaste conmigo a través de todos mis orgasmos, y me abrazaste con la fuerza de las nubes cuando el último ya se retiraba.

Sin tan sólo hubieses aceptado el café que te ofrecí después…
Pero no hay caso. Nunca te quedas a pasar la noche.

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