En la cama V: Sábanas perversas

En la cama V: Sábanas perversas

Ava y el sexo

hotel new york 2 Vestía traje negro y camisa blanca, pero en realidad estaba desnudo. Frente a mí, en ese espacio sin reglas que encontró refugio en el centro vacío del abrazo -¡colisión más bien!- de nuestros dos mundos, Andrés sólo fue Andrés, su pulpa, mi alimento: no su ropa, no su nombre y -qué duda cabe- no su puta sangre ni sus genes malditos.

Nos abalanzamos el uno sobre el otro incluso antes de tocarnos, porque lo que íbamos a vivir estaba ya vivido. A centímetros de distancia nos olimos, como dos hienas jóvenes de respiración entrecortada preparándose para recibir alimento, y nos desnudamos con la vista al frente para observarnos con los ojos del hambre y con los del alma.

Los años lo habían tratado bien, pero cada signo no reconocido era como una herida para mí, un recordatorio de lo concreta que podía ser en él mi ausencia. Sin poder evitar…

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